Los 10.000 del Soplao con la mejor compañía

Los 10.000 del Soplao con la mejor compañía

El ultra maratonista Eduardo Pérez nos cuenta su jornada en “El infierno Cántabro” (Los 10.000 del Soplao, en Cabezón) junto a una luchadora con discapacidad múltiple, Silvia Caballero. Ésta es su crónica:

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Era viernes 20 de mayo, seis de la tarde. Sonó el silbato de fin de la jornada laboral y comenzaban los nervios del Soplao. Fui a recoger a Silvia Caballero, mi alumna más aventajada. En su último lance con los 10.000 del Soplao llegó hasta al avituallamiento de media carrera cuando éste ya había cerrado, victoriosa como si hubiera llegado primera. Desde entonces, ha estado esperando éste evento para poder intentar, esta vez sí, completarla.

Al llegar, el ruido ambiente y la megafonía aceleraban el pulso del corazón más vago mietras recogíamos el dorsal, entre cientos de saludos y palabras de ánimo para el día siguiente.

El día amaneció fresco pero con brisa sureña. Nos metimos entre los 2.500 participantes de la Ruta a pie de 49 Km, donde muchos de ellos se extrañaron de mi presencia en ese pelotón.

– Edu, ¿no corres la ultra? ¿La maratón?

– No, este año vengo a ser más feliz.

Los nervios se alteraban como si del campeonato del mundo se tratase y empezamos a andar. Silvia no cabía en sí de la alegría: saludaba efusivamente, agitaba sus flacos brazos y gritaba animada. Su primer sueño del día se vió cumplido nada más pasar la línea de salida: “¡Un selfie con Revilla, el presi!” Para ella, el Soplao ya tenía sentido.

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Comenzamos a subir la Sierra del Escudo y el tiempo era perfecto; Sol, mar de nubes, brisa… ¿qué más se podía pedir? Pues según Silvia, había que llamar al alcalde para que quitase esas piedras tan grandes y pongan más hierba en el camino, ¡que no había quien avanzase!

Al llegar al final, una multitud de gente esperaba ansiosa la llegada de Silvia, quien les brindó un “sin caerme” que emocionó a todo el público que observó la hazaña de la bajada.

Los kilómetros se acumulan y como estaba previsto, llegó la tormenta. Grandes gotas, rayos y granizo dificultaban la marcha y hacían plantearnos el abandono, pero Silvia se opuso en rotundo, argumentando que se trataba de una simple tormenta de verano.

Y así fue. Dos horas y media más tarde cesó la lluvia, pero ya estábamos en la parte más dura físicamente, “El Toral”. Las fuerzas ya no nos acompañaban, pero el tesón y un poco de ayuda extra hicieron que superásemos ese tramo. Ya solo nos quedaba el descenso a meta, 15 kilómetros de descenso en el que aún nos encontraríamos varias bajadas técnicas que ralentizaban nuestro ritmo, pero ya se oía la música de meta y estábamos deseando bailar.

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Al llegar a meta, los nervios afloran y hacen que la velocidad sea bastante más alta que al salir 12 horas antes. Los últimos 500 metros decidimos hacerlos corriendo. Silvia nunca había corrido ni la mitad de esa distancia, pero los aplausos de miles de personas aclamando su nombre hicieron que volase bajo por las calles de Cabezón hasta entrar en meta, donde le esperaban sus compañeros y muchísimos amigos que gritaban su nombre.

El reto estaba conseguido. La cara de satisfacción de Silvia, al igual que la de la mayoría de personas que allí se encontraban, reflejan el esfuerzo y la pasión que hemos puesto en lograr nuestro objetivo: terminar. 12 horas y 35 minutos fue el tiempo empleado en recorrer los 49 kilómetros de la edición 2016 de los 10.000 del Soplao.

Todo esto no sería posible sin la colaboración de los voluntarios, empresas colaboradoras y el proyecto #SoyPlenaEnergia que recauda fondos a través de la energía eléctrica para poder efectuar estas actividades por todo el territorio nacional.

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Por | 2016-05-28T18:02:03+00:00 28/05/2016|0 Comentarios

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