¿Cómo conseguí uno de mis sueños? por Eli Creus

¿Cómo conseguí uno de mis sueños? por Eli Creus

Dicen que cuando algo te hace mucha ilusión y a la vez, te da un poco de miedo, es lo que realmente quieres. Esta es mi crónica del día en el que un grupo de amigos apasionados de la bici nos lanzamos a hacer una de las marchas cicloturistas más bonitas y míticas del mundo, La Marmotte.

Meses de entreno, mucho desnivel y muchos kilómetros. Todo ello con muchísima ilusión pero a la vez, mucho respeto: 5.000 m de desnivel y los puertos que se suben no era “ir sentado” encima de una bici y pedalear sin más.

Eli Creus WITL La Marmotte

El sábado a las 5 am sonó el despertador. Me levanté con energía: desayuno y bici, sobre todo mucha bici. Salimos desde Bourg d’Oisans. Miles y miles de ciclistas en la salida, se respiraba tensión pero también, mucha ilusión. Empecé a pedalear, fui puerto a puerto, fraccionando, así no me parecía tan largo el día. Me separé de mis amigos y de Sergi, mi pareja: queríamos ir cada uno a nuestro ritmo, esperarnos los unos a los otros era una tontería. Así que fui haciendo, saludando a gente de todo el mundo. 8 kilómetros de llano y empezamos a subir Col du Glandon (26 kilómetros).

Una subida constante que se me hacía amena. Había salido de las últimas e iba avanzando a gente, cosa que me dio ánimos. Subí con una chica alemana, a buen ritmo, comiendo y bebiendo todo lo que tenía pautado. Iba mirando el paisaje, pensando dónde estaba y cuando me quise dar cuenta, ¡primer puerto superado! Chubasquero para una bajada muy técnica que hice muy despacio. Prefería bajar lenta que matarme, impresionaba mucho ver los precipicios.

Eli Creus WITL La Marmotte

Llegué abajo donde tuve unos kilómetros de “descanso”, un falso llano que aproveché para hidratarme bien, relajarme un poco, y apretar un poquito. Después, empecé el segundo y el tercer puerto del día: Télégraphe + Galibier (35 kilómetros)

Empecé a subir y me encantaba lo que veía. Un paisaje fascinante en una subida constante con algún repechón más duro, pero coroné el puerto sin problema. Allí tenía un avituallamiento especial, paré, me recuperé bien y aproveché para hacer una foto y seguir, ¡que aquello no había acabado! Aún quedaba Galibier, donde sufrí en algún momento. Empecé a subir y llegué a 2.600m de altitud, había nieve aún y hacía frío, pero estaba muy centrada de cabeza y me fui animando. Solo era fatiga, se me pasaría, no pasaba nada. No me dolía nada, estaba bien, podía hacerlo. Allí había gente ya caminando al lado de las bicis, gente estirada en el suelo… Era una pasada ver tanta gente, ¡parecíamos una procesión! Coroné el puerto y empezó a llover. Toda la bajada lloviendo, caía agua nieve y hacía muchísimo frío. Temblaba tanto hasta la bici también se contagiaba, me fui parando dentro de los túneles, pero tampoco solucionaba nada porque no dejaría de llover, así que intenté pensar en otras cosas y bajé muy lenta. Me adelantaba gente de los países nórdicos en manga corta y flechados, mientras los mediterráneos íbamos congelados y lentísimos.

Eli Creus WITL La Marmotte

Al fin llegué abajo y me relajé, dejó de llover y salió el sol. Ya casi lo tenía. En poco rato me planté a los pies de Alpe d’Huez (13 kilómetros), 21 curvas míticas de los grandes del ciclismo. Con la gente animando, empecé a llorar de la emoción, no podía evitarlo. Empecé a subir curva a curva, ya notaba el cansancio pero me podía más la ilusión, y más cuando vi a Sergi, mi pareja, bajar a buscarme. Había bajado para subir conmigo… esto me dio más fuerza, yendo uno al lado del otro, a mi ritmo, dejándome mi espacio y animándome cuando más lo necesitaba. Y así conseguí llegar a la meta, emocionadísima. 174 km, 5.000 metros de desnivel positivo, 8h 47′ viviendo una experiencia brutal.

Eli Creus WITL La Marmotte

Lloré de emoción y me saqué la tensión abrazando muy fuerte a Sergi. Esperamos al resto de amigos, que fueron llegando: unos tardaron más, otros no pudieron acabarla, pero todos contentos de haber podido vivir esta experiencia que cada uno había vivido a su manera. Detrás de cada persona hay una vivencia diferente y unos detalles diferentes que a todos nos apasionan por igual.

Han sido meses de entrenos, pero cuando quieres algo, ¡lo luchas! Sin duda, una experiencia que merece muchísimo la pena vivir.

 

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Por | 2016-07-05T13:35:34+00:00 05/07/2016|0 Comentarios

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