Nadia Comaneci: 40 años del 10

Nadia Comaneci: 40 años del 10

Montreal 1976. Nadia Comaneci, una niña rumana de 14 años vestida de blanco impoluto, con flequillo y coleta de estudiante modelo, se dirige a las barras asimétricas ante la expectación creciente de un público en vilo. Sin cambiar ni un solo momento su gesto infantil y serio, sin casi apenas esfuerzo, la menuda Nadia hace historia completando un ejercicio de dificultad máxima con una destreza y gracilidad nunca antes vista. La perfección existe, piensan en el pabellón. Y así lo corroboran los jueces, que le otorgan un 1.0 de puntuación porque el 10, la perfección, no existía en el marcador, una utopía que finalmente convirtió en realidad Nadia.

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Los presentes lo saben y los jueces también. Se acaba de vivir un momento que pasará a los anales de la historia del deporte olímpico. Nadia, sin embargo, tímida y discreta, no parece abrumada por la proeza, ni siquiera consciente. Solo acababa de plasmar ante el mundo entero lo que tantas y tantas veces había repetido en la intimidad de su viejo gimnasio de Onesti, cuando después de cada actuación su entrenador le premiaba con una muñeca. “Era demasiado joven para saber lo que había hecho”, confesaría en el año 2010 en una entrevista a El País.

Hay algo en aquellas actuaciones irrepetibles de Nadia Comaneci que remite a los grandes talentos de la historia del deporte. Si uno observa aquellos ejercicios se dará cuenta de la desfachatada facilidad con que parece hacerlos. La dificultad es máxima y la concentración que requiere es brutal, pero los lleva a cabo con una superioridad y una suficiencia al borde del insulto. Como si le diera igual, un día más en la oficina.
Recuerda en buena medida a los regates de Messi, los controles de Zidane, los triples kilométricos de Curry o las zancadas salvajes de Bolt. Parece que esté chupado hacerlos.

A su gesta en las asimétricas de Montreal sumaría otras 8 medallas olímpicas distribuidas en dos juegos, convirtiéndose para siempre en la gimnasta más emblemática de todos los tiempos. Con el éxito vino el reconocimiento en su país, entonces sometida al inflexible yugo del dictador Ceacescu, un dirigente que la protegió como el gran símbolo de su Rumanía soñada. Se dice que Nadia llegó a salir con el tiránico hijo de Ceacescu, aunque ella siempre lo ha negado. Pero la situación cambió drásticamente cuando Bela y Marta Karoloyi, el matrimonio que la entrenaba, se fugaron y pidieron asilo USA durante una gira de exhibición con su pupila. A su vuelta, el régimen controlaría totalmente a Nadia, prohibiéndole competir fuera de Rumanía y husmeando su correspondencia, sus llamadas y su vida privada, al más puro estilo “La vida de los otros”.

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Harta del comunismo, Nadia escapó de su tierra en 1989 cruzando los bosques hacia Hungría para después volar hacia Estados Unidos, donde vive desde entonces gracias a la doble nacionalidad. Apenas unos meses después se produciría la caída del dictador.
Desde entonces Nadia y su marido Bart Conner, también ex gimnasta, viven en Oklahoma, donde fundaron un gimnasio.

Por | 2016-07-19T15:24:30+00:00 19/07/2016|0 Comentarios

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