15 días en el Paraíso: Rio 2016

15 días en el Paraíso: Rio 2016

Los JJOO son una de las mejores cosas que hay en el mundo. Cada cuatro años y durante dos semanas se dan cita en la misma ciudad miles y miles de deportistas de toda condición y lugar sin otro objetivo que la búsqueda de la gloria olímpica. Pero no es solo eso, sino también un acontecimiento de dimensiones bíblicas que mueve miles de millones de euros, cambia la fisonomía de ciudades enteras y moviliza millares de periodistas y voluntarios.

Ya sabemos cómo son, porque los exprimimos a fondo esos 15 días fugaces que pasan a la velocidad de la luz, y sin embargo nos siguen fascinando como la primera vez. Competidores anónimos que conquistan medallas tras años de sufrimiento lejos de los focos, historias humanas que nos cautivan y también, por qué no decirlo, dosis importantes de dramas.

Desde los exóticos desfiles de las ceremonias de inauguración donde descubrimos países de cuya existencia no teníamos noticias como Nauru o Tuvalu hasta los rutilantes éxitos de leyendas inmortales como Michael Phelps. La tradición olímpica está plagada de mitos históricos, ya sea por incontestables méritos deportivos o por ganarse el corazón de medio mundo como ocurrió con Eric Moussambani, el nadador guineano que nos conquistó a todos en Sidney 2000.

Río 2016 no puede ser una excepción y la ciudad brasileña nos está brindando unos Juegos a la altura de las expectativas con el único pero de la discreta participación de una delegación española que no termina de dar el callo.

De momento el protagonismo en estos Juegos está recayendo sobre las mujeres (con permiso de Phelps). En natación la húngara Katinka Hosszu y la americana Katie Ledecky nos están brindando un duelo histórica por ver quien puede ser la reina de una piscina que nos está regalando los momentos más intensos de lo poco que llevamos de competición.

Simone Biles

En gimnasia artística la sensación de los JJOO tiene nombres y apellidos: Simone Biles, una menuda afroamericana que está barriendo a sus rivales. En sus primeros juegos y con 19 años, su impresionante fuerza atlética y su valentía la convierten en la mejor del mundo, capaz de hacer piruetas que son imposibles para el resto de sus competidoras. Su camino hasta la cima no ha sido fácil. Tuvo una infancia difícil con una madre drogadicta que la dio en adopción a sus abuelos. Hiperactiva desde muy pequeña, la apuntaron a un gimnasio para que aprendiera a canalizar su energía y el resto ya es historia. Dicen que es la nueva Comaneci. Por el momento, sus entrenadores son los mismos que tuvo la rumana.

Las historias humanas y de superación que nos conmueven son un clásico de esta fecha y no hay ejemplo mejor que el de Yusra Mardini, la abanderada del equipo de Refugiados. Esta joven nacida en Siria es conocida por haber salvado en las costas de Grecia a 16 inmigrantes que escapaban de la guerra. Era agosto de 2015 y con la pequeña barca naufragando Yusra se disfrazó de heroína y, junto a su hermana, revolcó el bote hasta tierra firme.

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También hay lugar para el amor en Río. La jugadora brasileña de rugby 7 Isadora Cerullo observaba la ceremonia de entrega de medallas (su equipo quedó en novena posición) cuando su novia, voluntaria en los JJOO, entro en el campo con una intención: pedirle matrimonio. E Isadora, claro, aceptó. El beso entre las protagonistas de esta historia de amor es un gesto universal para la normalización de la comunidad gay en Brasil, donde el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal desde 2013.

Otro de los grandes momentos de los Juegos tuvo lugar en las pistas de tenis con el duelo a muerte entre el Del Potro y Novak Djokovic, el indiscutible rey de la raqueta, en la primera ronda. Un partido con aroma a medalla. El argentino, campeón del US Open en 2009, ha atravesado un calvario que parecía no tener fin. Durante cinco años una lesión en la muñeca le ha amargado la vida. El hombre llamado a destronar a los cuatro grandes (Rafa, Federer, Novak y Murray) vio como su ránking caía hasta la posición 140, la que ocupa ahora.

Pero los juegos poco o nada tienen que ver con la ATP y todos sabían que con Del Potro de vuelta, el partido pintaba a grande. Y así fue. La derecha demoledora del argentino martirizó a Djokovic, que aguantó el tipo jugando sus bazas hasta que cayó en los tie breaks (7-6 y 7-6). La imagen de ambos jugadores, amigos íntimos fuera de la pista, llorando desconsolados al final del partido de tristeza y alegría es ya para siempre historia de Río 2016.

Djokovic Del Potro

Por | 2016-08-10T18:03:32+00:00 10/08/2016|0 Comentarios

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