La relación alimentación – intestino – cerebro

La relación alimentación – intestino – cerebro

La relación alimentación- intestino – cerebro

De una alimentación basada en alimentos de verdad (de temporada, de proximidad y sin procesar), hemos pasado a comer alimentos procesados y de baja calidad.

Seguramente, más de una vez habrás oído la frase “somos lo que comemos” y efectivamente, así es. Todo aquello que ingerimos acaba afectándonos, lo absorbamos o no. Pues todo alcanza y tiene un efecto en nuestra microbiota intestinal, uno de los órganos más olvidados y paradójicamente más relacionados con la salud y el equilibrio integral de nuestro organismo.

Entre las principales funciones del ecosistema microbiano de nuestro intestino, destacan: (1) la digestión y absorción de nutrientes, (2) la síntesis de vitaminas, (3) la mediación del sistema inmune, (4) la regulación del tránsito intestinal y (5) la mediación de la respuesta inmune y de la conexión del eje intestino – cerebro.

El estado, la variabilidad y, por ende, la calidad de la microbiota intestinal de cada individuo depende tanto de la exposición primaria que tuvo al nacer como de la calidad de la flora recibida por parte de los progenitores y de los hábitos adquiridos a lo largo de la vida. Son varios los estudios que demuestran que la microbiota de un adulto a pesar de tender a mantenerse estable, puede verse modificada por múltiples variables como una alteración en la dieta, una patología, un cambio ambiental, un uso recurrente de antibióticos, etc.

¿Qué puedo hacer para garantizar una flora intestinal saludable?

La respuesta es sencilla, prestar atención a la alimentación. ¿Has oído hablar sobre los prebióticos y probióticos? ¿Sabes en qué se diferencian?

A pesar de su similitud entre nombres y efectos, la principal característica que difiere estos dos auxiliares intestinales son su naturaleza. Mientras los prebióticos son alimentos ricos en sustancias no digeribles que sirven como nutriente para favorecer el crecimiento de las bacterias beneficiosas de nuestro organismo, los probióticos son directamente una fuente de microorganismos vivos que tienen un efecto beneficioso en la salud del huésped. Generalmente, estos últimos son comercializados por laboratorios en forma de suplementos dietéticos pero que, sin embargo, también podemos encontrar en alimentos naturales. ¡CUIDADO! No todas las bacterias presentes en los productos lácteos fermentados o en el yogur tienen un efecto probiótico. Para considerar que un Lactobacillus o un Bifidobacterium es un probiótico, las cepas específicas seleccionadas deben ejercer un beneficio para la salud establecido clínicamente.

¿Qué alimentos debo incluir en mi dieta? ¡Toma nota!

Prebióticos: alcachofa, achicoria, plátano, avena, cebada, legumbres, patata y boniato (cocidos y refrigerados durante un periodo de 24-48h), ajo, cebolla, puerro, espárrago, etc.

Probióticos: yogur, kéfir, queso de cabra, algas, chucrut, miso, te kombucha, tempeh, chocolate negro, etc.

Cabe tener en cuenta que son varios los pilares que sustentan el equilibrio de la flora intestinal. Por ello, es importante abordarlo desde una perspectiva global y prestar cada vez más atención no solo a la alimentación sino también al estilo de vida en general (estrés, emociones, actividad física diaria, etc.).

Por | 2018-01-03T11:27:13+00:00 03/01/2018|0 Comentarios

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