Mauro

Cardedeu
WTL MEMBER

"Durante el tratamiento de quimioterapia siempre que mi cuerpo y mi mente se sentían capaces, intentaba hacer algo de "deporte"."

Mi padre, una gran referencia para mí, me introdujo en el mundo del deporte, especialmente en el triatlón. Con 18 años me compró mi primera y actual bicicleta de carretera. La meta que nos propusimos mi padre y yo era ir al Ironman de Nueva Zelanda 2012. Estuve entrenando duro, y junto a mi progreso y las ganas de acabar un Ironman con mi padre, llegó una gran motivación.  Ahí va mi historia.

El 8 de noviembre de 2010, medio año después de empezar a entrenar en serio y notar grandes progresos, me diagnosticaron cáncer de cavum, un cáncer catalogado como extraño (tan extraño que el corrector del Word me lo identifica como falta de ortografía). El tumor estaba justo detrás de mi nariz y por suerte aun no se había extendido a otros órganos.

Rápidamente los médicos se pusieron manos a la obra y en cuestión de horas empecé el tratamiento que me pautaron. Eso fue un golpe muy duro, porque en aquellos momentos la meta que nos habíamos propuesto mi padre y yo era lo más importante para mí.
Empecé tolerando muy bien todo el veneno que me inyectaban en la quimioterapia, pero con la radioterapia me tuvieron que instalar una sonda por la nariz, para alimentarme, ya que uno de los efectos de ésta era que me quemaba todo el tejido de la garganta y de la boca, con lo cual no podía ni comer ni beber.
Durante el tratamiento de quimioterapia y radioterapia siempre que mi cuerpo y mi mente se sentían capaces, intentaba hacer algo de “deporte”, aunque fuera subir y bajar escaleras del hospital o salir a pasear la sonda en bicicleta por los campos de detrás de mi casa. Incluso los días que me sentía mínimamente fuerte, iba al gimnasio a mover un poco el cuerpo.

El 13 de marzo del 2011 acabé todo el tratamiento, muy tocado tanto físicamente como psicológicamente. Con una que otra calvicie y con 10 kilos menos.
Entonces mi pregunta fue: Qué hago ahora?
Primero me propuse ganar otra vez todos esos kilos que había perdido. Con un poco de pesas, arroz para parar un tren y mucho esfuerzo, conseguí esa meta en unos meses. El campo del triatlón lo dejé un poco a parte porque es un deporte muy duro y no me sobraba energía. Además, la radioterapia me dejó sin saliva y eso me dificultaba la respiración.

Al cabo de unos meses, cuando ya estaba mejor y empezaba a tener más energía para poder ejercitar también el corazón, nos llegó a mi padre y a mí un nuevo acontecimiento para poner en nuestros calendarios. El 6 de noviembre se celebraba la 1ª Marató del Montseny y tras un poco de dudas nos decidimos apuntar. Primero pensé que era una idea descabellada, pero ahora, después de haberla entrenado y acabado, pienso que ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. Esta prueba me demostró a mí mismo que una enfermedad no es suficiente como para dejar las ilusiones y las ganas de lado, que no es el límite. Porque no hay dolor que dure eternamente.

Después de este reto hice la Mitja Marató de Granollers con un tiempo muy satisfactorio y la marxa cicloturista larga de Ports del Maresme. Actualmente estoy entrenando muy duro, con muchas ganas y con mucha disciplina porque quiero empezar a competir en un futuro próximo.

Espero que este cachito de mi vida sirva a mucha gente para superarse y darse cuenta que los límites no están donde uno cree, porque con ganas, ilusión y mucho esfuerzo se pueden conseguir grandes cosas.